La hydra de Lerna


El segundo encargo que Euristeo impuso a Heracles fue acabar con la hidra de Lerna (Minchir), una criatura engendrada por Tifón (Algol) y Equidna (Saclateni), y que Hera (Mahasim) había criado deliberadamente para convertirse en un peligro destinado a destruir al héroe.


Lerna se encuentra junto a la costa, a unos ocho kilómetros de Argos. Hacia el oeste se alza el monte Pontino, cuyo bosque sagrado de plátanos desciende hasta tocar el mar. En ese bosque —delimitado por el río Pontino (Eridano), donde Dánao erigió un altar a Atenea, y por el río Amimone (Hydra)— se conservan representaciones de Deméter, de Dioniso Salvador y de Prosimne, una de las nodrizas de Hera. En la orilla, además, se levanta una estatua de piedra de Afrodita dedicada por las Danaides.
Cada año, en Lerna se celebran ceremonias nocturnas secretas en honor de Dioniso, pues fue allí donde descendió al tártaro para rescatar a Sémele. No muy lejos se llevan a cabo también los misterios de la Deméter lernea, en un santuario que señala el lugar donde Hades y Perséfone penetraron igualmente en el inframundo.


Esta tierra fértil y consagrada vivió durante un tiempo bajo el terror de la hidra, que se ocultaba bajo un plátano situado en la fuente séptuple del río Amimone (Hydra) y merodeaba por el profundo y enigmático pantano lerneo cercano —tan insondable que incluso el emperador Nerón intentó medirlo sin éxito—, lugar donde muchos viajeros desprevenidos encontraron la muerte. La criatura tenía un cuerpo enorme, parecido al de un perro, y contaba con ocho cabezas mortales además de una novena, situada en el centro, que era inmortal. Sin embargo, otras tradiciones le atribuyen cincuenta, cien o incluso miles de cabezas. Fuera cual fuera su número, su naturaleza era tan venenosa que bastaba su aliento, o el simple olor que dejaba a su paso, para acabar con cualquier ser vivo.


Atenea llevaba tiempo reflexionando sobre la mejor manera de que Heracles (Khornephoros) pudiera derrotar a la hidra, y cuando el héroe llegó a Lerna en su carro, guiado por Yolao (Praecipua), le señaló el lugar exacto donde se ocultaba la criatura. Siguiendo el consejo de la diosa, Heracles la obligó a salir disparándole flechas encendidas; luego, conteniendo la respiración (Zosma), se lanzó a sujetarla. La hidra, sin embargo, se enroscó alrededor de sus piernas tratando de derribarlo. Heracles golpeaba una y otra vez sus cabezas con la clava, pero cada vez que destruía una, surgían dos o tres nuevas en su lugar.
En medio del combate, un enorme cangrejo (Acubens) emergió del pantano para auxiliar a la hidra y mordió el pie del héroe. Heracles lo aplastó con furia y llamó a gritos a Yolao (Leo Minor). Este encendió una hoguera en el bosque y, para impedir que las cabezas (Ashlesha) volvieran a regenerarse, fue cauterizando los cuellos con ramas ardientes (Minazal), deteniendo así el flujo de sangre y anulando la capacidad de la criatura para multiplicarse.
Con la regeneración bloqueada, Heracles tomó una espada o cimitarra de oro y cercenó la cabeza inmortal (Minchir), cuya parte central también era de oro. Aún siseando, la enterró bajo una gran roca junto al camino de Elco. Después abrió el cuerpo del monstruo y empapó sus flechas en la bilis, de modo que, desde entonces, incluso la herida más leve provocada por ellas resultaba fatal.
Como recompensa por la ayuda del cangrejo, Hera lo colocó entre los doce signos del zodíaco. Sin embargo, Euristeo se negó a reconocer esta hazaña como válida, alegando que Heracles había recibido asistencia de Yolao, quien había proporcionado las teas necesarias para vencer al monstruo.






