Libra


Mercurio en Libra - (Caída)
El undécimo encargo de Heracles consistía en obtener los frutos del manzano de oro que la Madre Tierra había ofrecido a Hera como presente de bodas. A la diosa le agradó tanto el regalo que lo plantó en su jardín sagrado, situado en las laderas del monte Atlas, allí donde los fatigados caballos del Sol concluían su recorrido diario y donde los innumerables rebaños de ovejas y vacas de Atlante pastaban en tierras que nadie discutía como suyas.
Cuando Hera descubrió que las hijas de Atlante —las Hespérides—, a quienes había confiado el cuidado del árbol, robaban en secreto las manzanas, envió al dragón Ladón para que se enroscara alrededor del tronco y lo custodiara sin descanso.
Sobre el origen de Ladón circulaban varias versiones: algunos lo consideraban hijo de Tifón y Equidna; otros, el más joven de los descendientes de Ceto y Forcis; y no faltaban quienes afirmaban que había nacido directamente de la Madre Tierra, sin intervención de padre alguno. Poseía cien cabezas y cada una hablaba en una lengua distinta.


Venus en Libra - (Exaltación)
Aunque las manzanas eran propiedad de Hera, Atlante las cuidaba con el celo de un jardinero orgulloso. Cuando Temis le anunció: «Llegará un día, Titán, en que un hijo de Zeus arrebatará el oro de tu árbol», Atlante —que aún no cargaba sobre sus hombros el peso del firmamento— decidió proteger el huerto con murallas imponentes y prohibió la entrada a cualquier extranjero. No sería extraño que él mismo hubiera colocado a Ladón como guardián del árbol, para asegurarse de que ninguna mano mortal o divina pudiera acercarse a sus frutos.


Marte en Libra - (Exilio)
Heracles, sin conocer la ubicación exacta del Jardín de las Hespérides, emprendió un largo viaje por Iliria hasta llegar al río Po, donde residía el anciano dios marino Nereo, famoso por sus oráculos. Durante el trayecto cruzó el Equedoro, un pequeño arroyo de Macedonia, y allí se encontró con Cieno, hijo de Ares y de Pirene, que lo retó a un combate singular.
Ares —identificado con la constelación de Aries— actuó como padrino de su hijo Cieno —asociado a Draco— y dispuso a los contendientes para la lucha. Pero Zeus, desde lo alto, representado por el Águila celeste, lanzó un rayo entre ambos, obligándolos a desistir del duelo.


Júpiter en Libra - (Domicilio)
Cuando Heracles alcanzó por fin el río Po, las ninfas del lugar —hijas de Zeus y Temis— le señalaron a Nereo, que dormía plácidamente en la orilla. El héroe lo sujetó con firmeza y, pese a las múltiples formas en que el anciano dios marino intentó escabullirse, lo obligó a revelar el modo de obtener las manzanas de oro. Hay quienes sostienen, sin embargo, que Heracles obtuvo esa misma información de labios de Prometeo.
Según el consejo de Nereo, Heracles no debía arrancar él mismo los frutos, sino persuadir a Atlante para que lo hiciera mientras él asumía por un tiempo el peso del firmamento. Así, cuando llegó al Jardín de las Hespérides, pidió al titán que realizara aquella tarea. Atlante habría aceptado casi cualquier encargo con tal de disfrutar de un breve descanso, pero temía enfrentarse al dragón Ladón. Heracles resolvió el problema de inmediato: lanzó una flecha por encima de la muralla del huerto y abatió al monstruo en el acto.


Saturno en Libra - (Exaltación)
Tras abatir a Ladón, Heracles se inclinó para recibir sobre sus hombros el peso del cielo, permitiendo que Atlante quedara libre por primera vez en una eternidad. El titán se alejó y regresó al cabo de un rato con tres manzanas de oro, arrancadas por sus propias hijas. Aquella breve sensación de libertad le resultó tan deliciosa que exclamó: «Seré yo mismo quien lleve estos frutos a Euristeo, siempre que tú sigas sosteniendo el firmamento unos cuantos meses más.»
Heracles fingió aceptar, pero recordaba bien la advertencia de Nereo de no comprometerse jamás a tal carga. Con aparente inocencia pidió a Atlante que retomara el cielo sólo un momento, mientras él se colocaba un cojín para amortiguar el peso. Atlante, sin sospechar nada, dejó las manzanas en el suelo y volvió a colocarse el globo celeste sobre los hombros. En cuanto lo hizo, Heracles recogió los frutos y se alejó con una sonrisa irónica, dejando al titán nuevamente encadenado a su destino.


Sol en Libra - (Caída)
Pasado un tiempo, Heracles presentó las manzanas de oro ante Euristeo, pero el rey, temeroso de conservar un bien perteneciente a Hera, se las devolvió de inmediato. El héroe las entregó entonces a Atenea, y la diosa, respetando las leyes divinas, las restituyó a las ninfas del jardín, pues ningún objeto consagrado a Hera podía permanecer fuera de su dominio.


Luna en Libra - (Exaltación)
Tras completar aquel trabajo, Heracles sintió una intensa sed. Golpeó entonces el suelo con los pies y, de la tierra reseca, brotó un manantial que más tarde serviría para salvar a los argonautas cuando vagaban exhaustos por el desierto de Libia, al borde de la muerte por falta de agua. Mientras tanto, Hera, aún afligida por la muerte de Ladón, honró al dragón elevando su figura al firmamento, donde pasó a brillar como la constelación de la Serpiente.


