Saturno en Libra

Atalanta

Satisfecho con las hazañas de Atalanta, Yaso finalmente la reconoció como hija. Pero en cuanto ella puso un pie en el palacio, él la recibió con un anuncio que la inquietó: debía prepararse para tomar esposo. Atalanta, recordando la advertencia del oráculo de Delfos, aceptó solo con una condición: cualquier pretendiente debía vencerla en una carrera a pie; quien fracasara, pagaría con su vida. Yaso aceptó el pacto sin vacilar.

Muchos príncipes, confiados en su destreza, desafiaron a la joven, pero todos perecieron, pues ninguna mortal corría tan veloz como ella. Melanión, hijo de Anfidamante, decidió entonces recurrir a Afrodita. La diosa, compadecida o quizá divertida, le entregó tres manzanas de oro y le indicó cómo usarlas: debía arrojarlas una a una durante la carrera para distraer a Atalanta. El plan funcionó. Atalanta, incapaz de resistirse al brillo de cada fruto, se detuvo a recogerlos, y Melanión cruzó la meta apenas un instante antes que ella.

Se celebró la boda, pero la felicidad duró poco. Un día, al pasar junto a un santuario de Zeus, Melanión persuadió a Atalanta para entrar y unirse a él allí mismo. El dios, ofendido por la profanación de su recinto, los castigó transformándolos en leones, condenándolos a vivir juntos pero sin poder consumar jamás su unión.

Saturno en Libra se caracteriza por la conciencia sobre la unión del objeto del sustento con el órgano de la relación.

La carta de abajo es la Justicia y representa a Libra, mientras que la que esta superpuesta es el Loco y representa a Saturno.