El toro de Creta

Como sexto trabajo, Euristeo ordenó a Heracles que capturara al toro de Creta, una bestia cuya identidad ha sido motivo de discusión desde la Antigüedad. Algunos sostenían que se trataba del toro enviado por Zeus, aquel que había llevado a Europa sobre su lomo a través del mar hasta la isla. Otros afirmaban que era el toro que Minos se negó a sacrificar a Poseidón, y que más tarde, por voluntad divina, engendró con Pasífae al temible Minotauro.

Sea cual fuera su origen, lo cierto es que en aquellos días el toro asolaba Creta, especialmente la región irrigada por el río Tetris. Arrancaba los sembrados, destruía los muros de los huertos y dejaba tras de sí un rastro de devastación que ningún campesino podía detener. Por eso Euristeo, temeroso de que la criatura siguiera extendiendo el caos, envió a Heracles a someterla viva, una tarea que pocos habrían osado siquiera intentar.

Cuando Heracles se embarcó rumbo a Creta, el rey Minos le ofreció toda la ayuda que estuviera en su mano. Pero el héroe, fiel a su costumbre, prefirió enfrentarse al toro por sus propios medios, aunque la criatura arrojaba llamaradas abrasadoras y parecía imposible de dominar. Tras una lucha prolongada y feroz, Heracles logró someter al monstruo y lo llevó consigo hasta Micenas.

Allí, Euristeo, después de consagrarlo a Hera, decidió dejarlo en libertad. Pero Hera, que detestaba cualquier acto que pudiera engrandecer la fama de Heracles, no tardó en intervenir: primero condujo al toro hacia Esparta, luego lo hizo atravesar Arcadia y el Istmo, hasta llegar a la llanura de Maratón, en el Ática. Más tarde, sería Teseo quien capturaría al animal y lo llevaría a Atenas para sacrificarlo a Atenea, poniendo fin a su errante destrucción.

Aun así, muchos siguen dudando de la existencia tanto del toro de Creta como del toro de Maratón, considerándolos invenciones tardías o duplicaciones de un mismo mito.